
En el siglo XV, en el apogeo del expansionismo colonialista de los reinos lusitano y español, entre otros, la Iglesia comenzó su dilatación a otros continentes: Asia, Oceanía; y por supuesto, América [y el Caribe] que ocupa las páginas de esta historia.
En este último caso, oleadas de religiosos y sacerdotes diocesanos venían entre mezclados en la tripulación de los barcos españoles y portugueses con un único objetivo: Anunciar el Evangelio a los pueblos nativos de islas y tierra firme del continente que dieron en llamar América. Dicho proceso de evangelización, por su magnitud, prontamente requirió el asentamiento de la Iglesia que conllevó poco a poco a su organización local y regional.
La historia de ese proceso está contenida en este Primer Tomo abarcando los años que van desde 1492 hasta 1650 (siglos XV al XVII). Su itinerario está dividido en Cuatro Partes antecedidas por un breve Prolegómeno que contempla los orígenes del ser humano en América.